La primera vez que pisé Costa Rica
Mi primera vez en Costa Rica entendí por qué tantos viajeros la describen como un país que “te abraza” desde el primer día. Aterrizar y sentir ese aire tibio, húmedo, cargado de naturaleza pura, fue como apagar el ruido de la vida cotidiana para encender otra frecuencia. Una más ligera. Más auténtica. Más humana.

Me instalé en un pequeño lodge en las afueras de San José, rodeado de vegetación y con ese aroma a café recién tostado que parece flotar permanentemente en el ambiente. Desde la ventana veía la neblina deslizarse entre las montañas; y ahí, con la maleta aún sin deshacer, supe que este viaje sería diferente.
Aventura en la naturaleza: donde el paisaje se mueve contigo
Mi primera parada fue La Fortuna, uno de esos lugares que te hacen abrir los ojos un poco más de lo normal. Caminé por senderos volcánicos, crucé puentes colgantes entre árboles gigantes y me di un baño en aguas termales perfectamente escondidas entre la selva. El volcán Arenal, imponente y silencioso, parecía observarlo todo desde su trono natural.

Aquí aprendí algo que en Costa Rica se vuelve constante: todo está vivo. Los árboles, los ríos, la tierra… y también uno mismo.
Después seguí hacia Monteverde. Si La Fortuna es un abrazo cálido, Monteverde es un susurro verde que te envuelve. Caminé por el bosque nuboso mientras pequeñas gotas se posaban sobre mi cara como si el clima quisiera saludarme. Hice canopy (el famoso “zipline”) entre nubes, una experiencia que no se olvida: flotar en medio de la inmensidad verde es algo que el corazón guarda para siempre.
Playa, ritmo y alma: el Caribe costarricense
Hacia el Caribe, el ambiente cambia. Se siente la influencia afrocaribeña en cada esquina, en la música, en la comida, en la forma de hablar. En Puerto Viejo desayuné “gallo pinto” y más tarde probé el “rice & beans” con leche de coco, mientras un ritmo suave de reggae salía de un restaurante frente al mar.
El Caribe tico tiene un encanto propio: playas doradas, aguas cálidas, gente que sonríe con la mirada… aquí aprendí a bajar la velocidad y simplemente estar.
Animales que te enseñan a mirar distinto
En Tortuguero viví uno de los momentos más especiales del viaje: navegar por canales rodeados de selva donde los monos, tucanes y caimanes viven en completa armonía. Cada sonido parecía formar parte de una gran orquesta natural.
Tuve la suerte de ver tortugas desovando al amanecer. No hace falta ser amante de la biología: esta experiencia toca fibras profundas y te deja un mensaje de respeto por la vida que difícilmente se olvida.

Hospedaje con alma tica
Una de las cosas que más disfruté fue el tipo de hospedajes: eco-lodges, hoteles boutique integrados en la naturaleza, cabañas frente al mar… Costa Rica ha entendido que el lujo verdadero es escuchar la selva mientras te duermes o desayunar con vista a un volcán activo. La mayoría de alojamientos trabajan con prácticas sostenibles, lo cual lo hace aún más especial.
El clima de Costa Rica: del calor tropical a la bruma fresca
Algo que me encanta de Costa Rica es cómo el clima cambia casi como si el país tuviera estaciones propias.
En un mismo viaje puedes sentir:
- La humedad cálida del Caribe
- El viento fresco de las montañas
- El sol fuerte de las playas del Pacífico
- La lluvia suave que se cuela entre los árboles
Mi recomendación es llevar siempre ropa ligera, impermeable y calzado cómodo. Y claro, protector solar: el sol costarricense no perdona.
Consejos prácticos para tu viaje
Si alguien me pidiera preparar su viaje a Costa Rica, le diría:
- Viaja con tiempo. Es un país pequeño, sí, pero con muchísimo por hacer.
- Ten mente abierta. La aventura está en cada rincón.
- Respeta la naturaleza. Es su mayor tesoro, y tú formas parte de ella durante tu viaje.
- Reserva con anticipación. Los mejores eco-lodges se llenan rápido, especialmente en temporada alta.
- Deja espacio para improvisar. Aquí los mejores momentos suelen ser los que no planeas.
Costa Rica es más que un destino; es una experiencia que te transforma
Volví a casa con la ropa impregnada de aroma a selva, el corazón lleno y una claridad inesperada: en Costa Rica uno vuelve a conectar con lo esencial, con la calma, con la naturaleza… y consigo mismo.
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