Después del desayuno, empezamos el día paseando por el Templo Banteay Samre, un templo que emerge de la jungla como una visión del siglo XII. Su serenidad es casi palpable, y cada rincón parece susurrar historias de antiguos rituales. Continuamos hacia la joya más delicada de Angkor: Banteay Srei. Este templo, tallado en piedra arenisca rosa, es como un encaje de piedra que desafía la imaginación. Sus relieves, tan finamente elaborados que
parecen obra de joyeros más que de canteros, justifican plenamente su apodo de “joya preciosa”. El viaje nos lleva luego al auténtico pueblo de Preah Dak, donde la Camboya real late con fuerza. Aquí, lejos del esplendor de los templos, descubrimos la vida cotidiana en su forma más pura: artesanos trabajando
con dedicación ancestral, el fascinante proceso de producción de la palma de azúcar, y las manos hábiles que transforman materias primas en tesoros cotidianos. Por la tarde, vamos al Gran Circuito, un collar de joyas arquitectónicas que comienza en las aguas serenas de Srah Srang, el antiguo baño real. Cada templo que visitamos cuenta su propia historia: Banteay Kdei con sus intrincados pasillos, la imponente pirámide de Ta Keo, y Preah Khan, la “Espada Real”, que se extiende como un laberinto sagrado en la selva. Neak Pean emerge de las aguas como una isla mística, sus serpientes entrelazadas guardan antiguos secretos curativos. Ta Som nos recibe con su torre cubierta de raíces, mientras que East Mebon, con sus elefantes de piedra, vigila eternamente los puntos cardinales. Noche en hotel en Siem Reap. Comida: Desayuno